GéneroLA CENTRAL

Victoria Altavista: “Hay una deuda pendiente con nosotras”

La militante y activista de Olavarría cuestionó las agresiones contra trabajadoras sexuales travestis y trans en los Bosques de Palermo. Advirtió sobre el avance de los discursos de odio, el miedo y la falta de respuestas institucionales.


El ataque a trabajadoras sexuales travestis y trans en los Bosques de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, generó una fuerte repercusión y un amplio repudio social. 

El episodio ocurrió el domingo pasado, cuando un grupo de varones que participaba de una bicicleteada nocturna agredió violentamente a las trabajadoras sexuales. Los propios agresores difundieron imágenes del ataque en redes sociales.

En este contexto, Central de Noticias dialogó con Victoria Altavista, militante y activista de Olavarría por los derechos de la comunidad LGBTIQ+, quien expresó su preocupación por la violencia ejercida contra las compañeras y por el escenario social y político en el que se producen estos hechos.

“Hay una palabra que resume todo, que es el miedo. Esto de tener que autodefendernos entre nosotras por una cuestión de un Estado ausente”, manifestó.

Altavista consideró que las agresiones no pueden analizarse de manera aislada y sostuvo que están atravesadas por los discursos políticos y sociales que circulan actualmente. En ese sentido, recordó que históricamente las organizaciones y los espacios de diversidad tuvieron que organizarse para protegerse y defender sus derechos.

Asimismo, Altavista también cuestionó el tratamiento mediático del ataque y la escasa repercusión que, según consideró, reciben las situaciones de violencia contra la comunidad travesti y trans.

“¿Qué medios mencionaron esto que les pasó a las compañeras? ¿A qué medios no les importó?”, planteó. Además, recordó el caso de Tehuel de la Torre y señaló que muchas veces son las propias organizaciones las que deben sostener el reclamo público para evitar que determinadas situaciones desaparezcan de la agenda.

Otro de los aspectos que destacó fue la difusión de las imágenes de la agresión. Según explicó, una de las solicitudes de las compañeras fue que el video dejara de circular para evitar una mayor exposición, aunque continuó viralizándose.

“No se habla de nosotras, y la gente dice: 2026, sí, 2026, seguimos pasando por esto. Estamos retrocediendo. Tenemos que seguir militando las leyes, tenemos que seguir estando en la calle, tenemos que seguir hablando de lo que no se habla” expresó.

Para Altavista, la circulación de estos discursos también tienen consecuencias sobre las infancias y adolescencias trans. Contó que, desde su experiencia en espacios de acompañamiento, observa la preocupación de familias y adolescentes que comienzan a transitar sus procesos de identidad.

«Hoy en día hablamos de infancia trans, hablamos de adolescentes. Cuando en el espacio escuchás a las familias, a los adolescentes que recién vienen, que están viendo a ver qué va a pasar, que están arrancando a transicionar, y vos ves estos titulares, la verdad es que es un montón», sostuvo.

En esa línea, vinculó el escenario actual con la instalación de discursos de odio y cuestionó la falta de consecuencias para quienes ejercen violencia: “Hay un libertinaje y esto pasa porque se permite que pase ese odio que se instala. No hay una condena o no hay una justicia como para decir: mirá, esta persona que lo piense dos veces antes de hacer lo que hace”, afirmó.

El reclamo por una mayor respuesta del Estado

La activista recordó el desmantelamiento del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) y señaló que ese organismo representaba una herramienta institucional para realizar denuncias y encontrar acompañamiento ante situaciones de discriminación.

“Al menos teníamos una herramienta donde vos podías denunciar y vos te sentías resguardada”, explicó. En la actualidad, consideró que las organizaciones sociales y los espacios de diversidad cumplen un papel fundamental para acompañar a quienes atraviesan situaciones de violencia, aunque advirtió que no todas las personas cuentan con redes de contención.

También contó experiencias personales de hostigamiento y amenazas recibidas en redes sociales de parte de trolls, pero también de gente con su perfil propio quienes le desearon la muerte e incluso enfermedades por pertenecer a la comunidad. 

En ese contexto, cuestionó que las personas de la comunidad tengan que organizarse permanentemente para encontrar mecanismos de protección frente a las agresiones: “¿Por qué nosotras siempre tenemos que organizarnos por si nos pasan cosas a nosotras, a nuestra comunidad entera?” se preguntó.

“De lo que no se habla no existe. Y si existimos, resistimos, nos sostenemos, pero la pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a seguir con esto? ¿Quién nos defiende a nosotras? ¿Quién defiende a la comunidad LGBT?” remarcó la activista. 

La Marcha del Orgullo como espacio de celebración y reclamo

A pocos días de una nueva Marcha del Orgullo, Altavista planteó la necesidad de recuperar las calles como espacios de visibilización, encuentro y reivindicación de derechos.

“La marcha, que es nuestro lugar para encontrarnos, para celebrar nuestro orgullo, tiene que volver a ser un espacio de reclamo. Es así. Obviamente que nos encanta celebrar y demás, pero estas consignas tienen que estar”, sostuvo.

Además, convocó a una mayor participación de la sociedad y pidió que otros sectores acompañen las demandas de la comunidad LGBTIQ+, del mismo modo que las organizaciones de diversidad se solidarizan con otras luchas sociales: “Hay una parte de la sociedad que nos abraza y que está con nosotras. Como nosotras estamos con otras causas. Porque caminamos cuando al jubilado lo golpean en el Congreso, estamos con la marcha en la universidad. Necesitamos que la comunidad también se involucre con nosotras” expresó.

Una deuda histórica con la comunidad travesti y trans

Altavista también mencionó las expulsiones familiares durante la adolescencia, las dificultades para acceder a la educación, la salud y el empleo, y la falta de oportunidades laborales para muchas compañeras.

“Nosotras nacemos y a los 12 años nos expulsan de nuestras casas, muchas veces. El primer desamor, es el primer desprecio de tu familia. Imaginate cómo te puede llegar a marcar eso. Te encontrás en la calle, no tenés acceso a la salud, no tenés acceso al trabajo, no tenés acceso a la educación. Con todo este contexto, que vengan 50 pibes y a vos te caguen a palos por el hecho de cagarte a palo, cagarse de risa y después viralizarlo riéndose en una red social, me parece un montón” sostuvo. 

En ese sentido, consideró que las conquistas legislativas no alcanzaron para terminar con la violencia y la discriminación: “Pasaron todos los gobiernos y sí, nos dieron leyes. Otros nos cuidaron más. Pero siempre pasó algo con nosotras. Siempre tuvimos que salir a reclamar, siempre tuvimos que salir a luchar en las calles, siempre tuvimos que salir a concientizar. Hay una deuda pendiente con nosotras”, afirmó.

Finalmente, volvió sobre el ataque ocurrido en Palermo y el impacto que genera en las compañeras, especialmente en quienes no cuentan con redes de apoyo.

“Obviamente hay que seguir resistiendo y demás. Pero tampoco nos ayuda mucho el contexto. Es un cansancio. Una no está exenta de esto. Yo no quiero andar con miedo, que mis hijos sientan miedo, que mi familia tenga miedo. Pero nos golpean y nos matan por el hecho de ser. Es una locura. Claramente no queremos esto” remarcó. 

“Hemos charlado con las compañeras. Estamos asustadas y preocupadas por lo que pasa. También estamos cansadas y estamos un poco desganadas”, concluyó.