Adiós a Taty Almeida, la Madre que transformó el dolor en una bandera de lucha
La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora falleció este domingo en Buenos Aires a los 95 años. La desaparición de su hijo Alejandro en 1975 marcó el inicio de una militancia que atravesó casi medio siglo.
La muerte de Taty Almeida marca el cierre de uno de los capítulos más significativos de la historia reciente argentina. La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora falleció este domingo a los 95 años en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires, donde permanecía internada.
Con ella se va una de las voces más firmes y respetadas en la defensa de los derechos humanos, una mujer que convirtió una tragedia personal en una causa colectiva que atravesó generaciones.
La noticia fue confirmada por familiares y allegados poco después de las 19.20. “A las 19.20 del 14 de junio falleció en el Hospital Italiano nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora”, señalaron desde su entorno. Minutos antes había sido sedada debido al delicado cuadro de salud que atravesaba. “Ya su cuerpito no aguantaba más”, expresaron personas cercanas a la dirigente.
La despedida
Su despedida se realizará en la sede del sindicato telefónico FOETRA, en la Ciudad de Buenos Aires, donde se espera la presencia de dirigentes políticos, organismos de derechos humanos, militantes y ciudadanos que durante décadas acompañaron su lucha.
Lidia Estela Mercedes Miy Uranga había nacido el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano. Durante buena parte de su vida parecía destinada a recorrer un camino muy diferente al que finalmente la convertiría en una figura central de la vida pública argentina. Creció en una familia profundamente vinculada al ámbito militar. Su padre fue oficial de Caballería, su hermano llegó a coronel y buena parte de su entorno familiar compartía una mirada conservadora y antiperonista.
Docente de profesión, madre de tres hijos y alejada de la militancia política, su vida dio un vuelco definitivo el 17 de junio de 1975. Ese día desapareció su hijo Alejandro Almeida, de apenas 20 años. Estudiante de Medicina y trabajador de la agencia Télam y del Instituto Geográfico Militar, fue secuestrado por la organización parapolicial Triple A durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón.
Aquella desaparición cambió para siempre el destino de Taty. En un primer momento buscó respuestas en los contactos militares de su entorno. Recorrió despachos, golpeó puertas y acudió a figuras que luego ocuparían lugares centrales durante la última dictadura. Sin embargo, la ausencia de respuestas y el paso del tiempo la enfrentaron con una realidad que desconocía.
El punto de inflexión llegó cuando revisó los objetos personales de Alejandro. En una agenda encontró una serie de poemas escritos por su hijo. Aquellos textos le revelaron aspectos de su vida que hasta entonces ignoraba: sus convicciones políticas, sus ideales y su compromiso militante. Esa experiencia la llevó a replantearse muchas de las certezas con las que había vivido hasta ese momento.
Años después resumiría esa transformación con una frase que se volvió célebre: “Yo siempre digo que estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, pero que Alejandro me parió a mí”.
En 1979 se acercó por primera vez a las Madres de Plaza de Mayo. Allí encontró a otras mujeres que atravesaban la misma tragedia y comprendió que la búsqueda de su hijo formaba parte de una historia mucho más amplia. Desde entonces comenzó una militancia que se extendería durante casi medio siglo.
Con el pañuelo blanco como símbolo y una enorme capacidad para comunicar, Taty se convirtió en una de las caras más reconocibles del movimiento de derechos humanos. Tras la división interna de las Madres, integró la Línea Fundadora y con el tiempo asumió su presidencia, consolidándose como una de las principales referentes de la organización.
Durante más de cuarenta años participó de las rondas de los jueves en Plaza de Mayo, impulsó los reclamos por Memoria, Verdad y Justicia y acompañó los procesos judiciales que terminaron con la condena de numerosos responsables de delitos de lesa humanidad. Siempre defendió la necesidad de buscar justicia dentro de los marcos institucionales y rechazó cualquier forma de revancha.
Su tarea fue reconocida por universidades, legislaturas y organismos nacionales e internacionales. Entre otras distinciones, recibió cinco doctorados honoris causa y fue declarada Personalidad Destacada de los Derechos Humanos por la Legislatura porteña.
Un mensaje valioso
Su última aparición pública tuvo lugar semanas atrás, cuando la Universidad de Buenos Aires le otorgó un doctorado honoris causa en la Facultad de Filosofía y Letras. Sentada en una silla de ruedas, pero con la lucidez intacta, dejó un mensaje que hoy adquiere el valor de un testamento político.
“Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas”, dijo ante un auditorio colmado. Lejos de expresar resignación, convocó a las nuevas generaciones a continuar la lucha. “Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta”, afirmó.
También reivindicó el compromiso político de los jóvenes y recordó una vez más a su hijo Alejandro. “No hay que tenerle miedo a la palabra militancia. Militar es tener compromiso”, sostuvo.
Fuente: Agencia DIB

