El arte de endulzar bodas con identidad propia
En el Especial Bodas de Central de Noticias, Gabriela Villegas de “Tortas Gaby” habló de sus inicios y las tendencias actuales y el rol clave que tiene la torta en una celebración. La anticipación y lo inesperado.
Organizar una boda implica tomar decenas de decisiones donde cada detalle construye el clima de un día único. En ese entramado, la torta no es solo un elemento gastronómico: es símbolo, estética y ritual. “Tortas Gaby” entiende esa dimensión, puede traducirla en una pieza concreta y por eso su trabajo es fundamental para la armonía de un gran momento.
En el marco del Especial Bodas de Central de Noticias, dialogamos con Gabriela Villegas, el talento detrás de “Tortas Gaby”, sobre su recorrido, las tendencias actuales y el rol clave que tiene la torta en una celebración.
Con 14 años de experiencia, su emprendimiento nació de una historia familiar y hoy acompaña celebraciones con propuestas personalizadas que combinan técnica y sensibilidad. El origen está lejos de una planificación comercial: fue -como ella misma definió- “una idea loca” impulsada por su hija. “Me dijo ‘¿por qué no hacés tortas?’ y yo le respondí ‘estás loca’. Pero me insistió”. Armó una página en Facebook con fotos y así arrancó todo.

La idea inicial era reunir fondos para festejar los 15 años de su hija, pero lo que pasó en el medio terminó marcando un rumbo. Se transformó en un proyecto que creció con el boca a boca y la fidelidad de sus clientes.
Gabriela Villegas no tiene formación académica formal, construyó su oficio a partir de la práctica y la experiencia. “Soy autodidacta. Fue prueba y error, hacer en casa, experimentar… después apenas hice un curso online, pero la mayoría fue aprender haciendo” contó. En el trayecto de animarse fue fundamental una tía que, con su acompañamiento, le dio seguridad. “Fue la que ella me empujó. Y yo agradezco el día que me dejó sola, porque si no, quizás no lo hubiese hecho” recordó.
El proceso de perfeccionamiento se refleja también en la evolución de sus trabajos. Con el paso del tiempo incorporó nuevas técnicas, materiales y tendencias, adaptándose a un rubro en cambio.

Pedidos cada vez más personalizados
En el universo de las tortas de casamiento no hay fórmulas únicas. Cada diseño responde a la identidad de la pareja. “Depende de lo que quieran los novios. Hay quien quiere algo clásico y quien busca algo totalmente distinto. La idea es guiarlos y armar algo que los represente” definió. Y es que así fue la primera torta de bodas que le encargaron: era una pareja que tenía cinco hijos y quisieron que todos estuvieran representados: “en ese momento también modelaba porcelana. Y bueno, me animé y tengo esa torta que hoy en día digo ´qué loco´”.
Hoy conviven diferentes estilos en los pedidos para casamientos: desde las tradicionales tortas de varios pisos — muchas veces combinadas con estructuras falsas para priorizar lo visual y evitar derroches — hasta propuestas más modernas como las “long cakes”, que ganan terreno por su practicidad y estética.

También cambió la técnica: volvieron estilos vintage con decoraciones mangueadas y se dejaron atrás materiales que no eran comestibles. “Hoy todo se puede cortar y comer, eso antes no pasaba” explicó.
En cuanto a sabores, lo clásico sigue siendo lo más elegido: vainilla, dulce de leche y chocolate. Sin embargo, hay margen para combinaciones más personales, especialmente cuando se trabaja con varios pisos.
El proceso de elaboración es minucioso y requiere planificación. “Tenés un día de horneado, otro de relleno y otro de decoración. Y la deco es lo que más tiempo lleva porque es lo que se ve”. Un dato importante es que los productos de Tortas Gaby son “apto sin frío, es decir que nada lleva heladera. No necesita conservación y puede estar perfectamente todo el evento en exhibición”.
Para todo ello, Gabriela remarcó que la anticipación es clave. “Hay gente que reserva con un año de anticipación. Eso permite charlar, diseñar y trabajar con tranquilidad”, señaló para apuntar a que hay meses donde confluyen eventos y eso implica “mucha demanda de muchas tortas”.
Justamente, la charla previa es una parte muy importante de todo el proceso: las preguntas a los novios van no sólo de qué quieren para su torta, sino sobre la cantidad de invitados y hasta la ambientación. “Pregunto qué les gustaría, cómo van a ir vestidas, qué detalles hay en el salón, los colores. Generalmente la torta tiene que ver con todo el resto, especialmente el vestido de la novia o las quinceañeras” indicó.

Resolver lo inesperado
Un aspecto que también se habla con los protagonistas es el margen de improvisación. “Si en el momento yo veo que hay algo que no me cuadra, ¿qué pasa? Vos por ahí te imaginás la torta de una manera y cuando estás decorando notás que algo no va bien. Entonces, ¿tengo permiso de elegirlo en el momento? Muchos te dicen que sí y otros que te dicen no. Claramente se respeta lo que al cliente le gusta. Generalmente, siempre es accesible, la gente te dice que sí que se puede modificar”.
Es que como en toda organización de eventos, los imprevistos existen. Desde cambios de último momento hasta condiciones climáticas adversas, el trabajo también implica resolver sobre la marcha.

“Es vivir con una adrenalina importante. A veces tenés que rehacer cosas o adaptarte en el momento. Pero siempre hay que encontrar la solución”. ¿Hay anécdotas? Por supuesto: la del cumpleaños donde el color de la cobertura no coincidía con el que le habían pedido, el casamiento donde la flor -natural- elegida por la novia para la decoración al final no le gustaba cómo quedaba, o la fiesta suspendida porque se inundó el salón y se necesitaba conservar la torta hasta reprogramar.
Spoiler. Para todos esos problemas, Gabriela Villegas dejó una solución con su trabajo que permitió a los protagonistas tener sus festejos a gusto. Esa capacidad de respuesta es parte del oficio, tanto como la técnica.
En una boda, la torta no es un detalle más. Es el cierre simbólico de la celebración, el instante en que los protagonistas se rodean de sus afectos para compartir un gesto que quedará en la memoria.
Porque en ese corte —entre fotos, miradas y aplausos— no solo se reparte un postre: se celebra el camino recorrido y el que comienza. Y cuando detrás de esa torta hay manos que entendieron la historia que debía contar, ese momento se vuelve, simplemente, perfecto.

