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Ver las estrellas a través de la música de Mateo 

En una noche única, el músico del proyecto Conociendo Rusia se presentó en su formato solista y pisó por primera vez Olavarría, en lo que fue su último show de cierre de su gira por Argentina. 


Por: Danisa Jaime // @_jdanisa

Del staff de Central de Noticias

Mateo está tranquilo. Rodeado de sus instrumentos porque esta vez su banda no lo acompaña. De fondo, solamente una cortina con muchos brillitos que después se iban a convertir en millones de estrellas adentro del Teatro Municipal. 

Sube al escenario, saluda a los olavarrienses, empieza a tocar, charla con el público. Mateo sigue tranquilo, como si estuviera en el jardín de su casa. Algunos de nosotros tendría pánico de estar enfrente de tanta gente, pero él sigue rodeado de sus instrumentos, completamente solo. 

Es un proyecto que él mismo buscó, y en esa búsqueda se encuentra un objetivo claro: mostrar cómo nacen las canciones. 

La acústica de doce cuerdas, la guitarra eléctrica tipo Les Paul, su loopera y dos sintetizadores, lo rodean como esperando a que Mateo los agarre y llegue su momento de sonar. Como gritandole al músico “che, me toca a mí ahora” y así con sus dedos los va seleccionando, los abraza y produce la magia. 

Con movimientos spinetteanos Mateo va y viene. Agarra la guitarra, se toma un trago de no sabemos que en su taza de Boca, se ríe, charla. Va y viene. Ahora se sienta en su sintetizador, canta unas canciones y el juego de luces hacen su trabajo. Después, agarra su loopera, graba, juega como un nene, hace sonidos. Toca botones acá y allá. Va y viene. 

En tantos conciertos a los que fui, muchas veces me tocó ver músicos arriba del escenario enojados o molestos por algo: un cable se rompió, la guitarra se desafinó o algún acorde no salió como quería. Hacen caras y señas a los que están atrás del escenario para que solucionen el problema. Estoy acostumbrada, y sé que nadie está exento de los problemas técnicos. Pero con Mateo, nada de eso pasó. Pude ver un músico disfrutar de hacer música. Y todo sale a la perfección: no se equivoca nada, ni una nota ni un acorde. Nada. 

Mateo fluye arriba del escenario como si estuviera volando. Y nosotros del otro lado, también estamos volando mirando las estrellas de la tela con brillitos de fondo que da una impresión de que no estamos en el Teatro. Estamos en otro lugar. 

Ahí sigue solo, tranquilo. Hay algo de intimidad en mostrar una parte de un gran repertorio rodeado de nada allá arriba. No hay banda que seguir, personas que mirar ni tanto movimiento para visualizar. Solamente Mateo fluyendo. 

Cómo es su último recital de la gira en este proyecto, cambia las reglas, las quiebras, las rompe: escucha los pedidos de la gente que lo fue a ver, modifica la lista que escribió para esta noche, saluda a las madres en su día, saluda a alguien del público le grita que es el Día de la Lealtad y también a un emprendimiento local de alimentos que parece probó antes de subir al escenario. 

También es su primera vez en Olavarría. Saluda a su compañero Benjamin Rampoldi que es nuestro y local. Cuenta que siempre quiso conocer nuestra ciudad por las historias que escuchó y se alegra de que por fin está acá.

Sigue jugando con la loopera. Las luces siguen haciendo efectos de estrellas y círculos con colores vivos. Suena Cabildo y Juramento y pide apagar todas las luces. Absolutamente todas menos la linterna de los celulares de la gente. En la oscuridad, sigue en su piano tocando y casi no vemos nada, pero seguimos cantando a los gritos. 

Mateo va terminando su show después de dos horas y la gente pide que siga tocando. Suenan unas canciones más y en el último tema nos paramos de nuestros asientos para cantar pero también bailar uno más de sus clásicos. 

Así pasó este sábado Mateo Sujatovich “El rusito” por primera vez en la ciudad.  Me animo a decir que su proyecto solista dejó una gran huella y fue de los mejores recitales del año que vi, hasta el momento. Así pasó, el músico que disfruta de hacer música.