Día del Psicopedagogo: “La idea del consultorio es que el chico venga y sienta que es un espacio seguro”
La Licenciada en Psicopedagoga Sabina Minich Revol contó la importancia de acompañar los procesos individuales, sostener el trabajo en red y la preocupación de los profesionales en cuanto a las pantallas.
Sabina Minich Revol es licenciada en Psicopedagogía, tiene 29 años y es oriunda de Olavarría. Se recibió en 2020 y, luego de la pandemia, comenzó a trabajar como acompañante terapéutica, actividad que desarrolló durante cuatro años.
Posteriormente, se desempeñó en consultorio y se incorporó al ámbito sociocomunitario. Trabajó en el Municipio y en hogares convivenciales de niños, y recientemente se sumó al área de Discapacidad, donde acompaña a las familias que intervienen en cada situación.
Actualmente trabaja con niños de aproximadamente 6 a 11 años y también trabajó con adolescentes de 12 a 16. Si bien participó en propuestas grupales, como un taller de alfabetización inicial, señaló que prefiere la atención individualizada y trabajar con pocos pacientes para poder abocarse de lleno a cada uno.
Uno de los aspectos que más destacó de su profesión es observar los logros de los chicos. “Lo que más me gusta es ver la cara de los nenes cuando se dan cuenta de ‘ay, yo podía hacer esto’. Eso es lo que más me llevo siempre de trabajar con los chicos”, expresó.
Cuándo consultar
Minich Revol explicó que muchas veces la consulta psicopedagógica llega a partir de una inquietud planteada por la escuela, que funciona como primer puente con la familia. Entre los motivos frecuentes mencionó las dificultades para leer y determinadas conductas, como la inquietud.
Sin embargo, sostuvo que la familia también puede realizar una consulta cuando percibe que algo genera preocupación. “Si la familia siente que hay o ve que hay algo que hace ruido, bueno, consultamos con la psicopedagoga de última. La profesional te dirá si o no”, planteó.
En ese sentido, remarcó la importancia de prestar atención al desarrollo temprano y a las cuestiones conductuales, aunque aclaró que cada niño tiene sus propios tiempos. “Se estipula que a ciertas edades haya ciertos hitos del desarrollo y demás, pero también hay que tener en cuenta que cada niño y cada persona tiene su tiempo”, señaló.

Para Minich Revol, la familia ocupa un lugar central porque es quien conoce cotidianamente al niño: “Si ves que hay algo que te hace ruido, andá a consultar, porque quién mejor que la familia que conoce, para conocer al niño”.
El impacto de las pantallas
La profesional también se refirió a los cambios vinculados con el uso de la tecnología y su impacto en las experiencias cotidianas de niños y adolescentes.
Según describió desde su experiencia profesional, hay chicos que presentan dificultades para sostener las cuatro horas de la jornada escolar y, en algunos casos, incluso los 45 minutos habituales de una terapia. También observa situaciones de irritación y frustración frente a actividades que no logran resolver.
“Hay mucha irritación, mucha frustración cuando no les sale algún ejercicio”, explicó. Esa frustración, agregó, puede expresarse de diferentes maneras, desde abandonar una actividad hasta llegar a conductas violentas en algunos casos.

Minich Revol aclaró que su planteo no consiste en “renegar de la tecnología”, a la que considera “una herramienta fundamental” y útil para múltiples actividades, sino en que los adultos acompañen su utilización.
En ese sentido, diferenció entre controlar y estar presentes. Consideró necesario establecer horarios de pantalla y, al mismo tiempo, conocer qué hacen los niños y adolescentes cuando utilizan dispositivos: qué miran, a qué juegan y con quiénes conversan. También advirtió sobre los riesgos vinculados al uso de redes sociales durante la adolescencia y mencionó entre ellos el grooming.
Respecto de los niños pequeños, sostuvo que se recomienda evitar las pantallas hasta los dos años y, si es posible, extender ese período hasta los tres. Vinculó el desarrollo del lenguaje con la interacción presencial con otras personas y explicó que el aprendizaje requiere observar expresiones y movimientos, además de escuchar palabras.
“El lenguaje se construye, se aprende siempre con un otro, y ese otro necesitamos tenerlo delante nuestro, necesitamos ver las expresiones, los movimientos, más allá de las palabras, y la pantalla no te ofrece eso”, afirmó la psicopedagoga.
También señaló que la frustración vinculada con la retirada de un dispositivo puede trasladarse a otros ámbitos de la vida cotidiana, como los juegos con otros niños, la escuela o el club.

El trabajo con las familias y en red
Para Sabina, el acompañamiento psicopedagógico no se limita al espacio del consultorio. Consideró fundamental trabajar con las familias para que las herramientas desarrolladas puedan incorporarse a la vida cotidiana.
“El trabajo no termina acá en el consultorio, sino que sigue en casa”, sostuvo. En esa línea, explicó que uno de los objetivos es contribuir a que el día a día resulte funcional tanto para los adultos como para los niños.
También destacó el trabajo en red como uno de los aspectos más complejos de la profesión. Además del vínculo con la familia, la intervención puede requerir coordinación con la escuela y con otros profesionales que acompañan al niño. “Muchos niños por ahí tienen otras terapias, también coordinar eso. El trabajo en red es fundamental”, afirmó.
En relación con los aprendizajes, explicó que los objetivos se establecen y cuentan con un tiempo estipulado, aunque el proceso busca respetar el ritmo de cada niño. “Siempre se trata de ir al ritmo del niño y de acompañar”, señaló.
Por último, la propuesta del espacio terapéutico, según describió, es que los chicos puedan encontrar allí un lugar de seguridad y escucha. “La idea del consultorio es que el chico venga y sienta que es un espacio seguro, que es un espacio en el que puede ser escuchado y que salga de acá con la idea de ‘yo fui capaz o soy capaz de hacer esto’ cerró.










