{"id":194921,"date":"2026-02-15T09:37:21","date_gmt":"2026-02-15T12:37:21","guid":{"rendered":"https:\/\/cdnoticias.com\/?p=194921"},"modified":"2026-02-15T10:58:31","modified_gmt":"2026-02-15T13:58:31","slug":"adolescencias-estado-y-politicas-publicas-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cdnoticias.com\/index.php\/2026\/02\/15\/adolescencias-estado-y-politicas-publicas-ii\/","title":{"rendered":"Adolescencias, estado y pol\u00edticas p\u00fablicas &#8211; II"},"content":{"rendered":"\n<p>Segunda parte del an\u00e1lisis de Cristian Delpiani. Un entre el enfoque de derechos y las derivas punitivas en Argentina y Sudam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><em>Por Cristian Delpiani<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-central-de-noticias-olavarr-a wp-block-embed-central-de-noticias-olavarr-a\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"mVsOagDCbh\"><a href=\"https:\/\/cdnoticias.com\/index.php\/2026\/02\/14\/adolescencias-estado-y-politicas-publicas-i\/\">Adolescencias, estado y pol\u00edticas p\u00fablicas &#8211; I<\/a><\/blockquote><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; visibility: hidden;\" title=\"&#8220;Adolescencias, estado y pol\u00edticas p\u00fablicas &#8211; I&#8221; &#8212; Central de Noticias | Olavarr\u00eda\" src=\"https:\/\/cdnoticias.com\/index.php\/2026\/02\/14\/adolescencias-estado-y-politicas-publicas-i\/embed\/#?secret=jsIn7wIE1S#?secret=mVsOagDCbh\" data-secret=\"mVsOagDCbh\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>4. El rol del Estado: garant\u00eda de derechos o administraci\u00f3n del castigo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El enfoque de derechos, consolidado a partir de la Convenci\u00f3n sobre los Derechos del Ni\u00f1o y las leyes 26.061 y 13.298, redefine el rol del Estado como <strong>garante del ejercicio pleno de los derechos<\/strong> de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes. Este marco normativo exige pol\u00edticas integrales, preventivas, territoriales y participativas, orientadas no solo a intervenir frente a la vulneraci\u00f3n, sino a crear condiciones estructurales que permitan el desarrollo integral.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en la pr\u00e1ctica observo que el Estado suele operar de manera <strong>bifronte<\/strong>. Por un lado, despliega pol\u00edticas sociales, educativas y comunitarias; por otro, refuerza dispositivos de control penal, vigilancia policial y judicializaci\u00f3n de los conflictos. Esta coexistencia de racionalidades produce intervenciones fragmentadas e incoherentes, en las que el mismo adolescente puede ser reconocido como sujeto de derechos en el discurso institucional y tratado como sospechoso en el territorio.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En mis reflexiones sobre el cambio de paradigma en las pol\u00edticas de ni\u00f1ez he insistido en que la corresponsabilidad no puede reducirse a una divisi\u00f3n formal de tareas entre Estado, familias y comunidad. Implica, fundamentalmente, la obligaci\u00f3n pol\u00edtica de crear condiciones materiales, sociales y culturales para el ejercicio efectivo de los derechos, evitando lecturas que individualizan responsabilidades por vulneraciones producidas estructuralmente.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>5. Pol\u00edticas educativas: inclusi\u00f3n, cuidado o control<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La escuela ocupa un lugar central en las trayectorias adolescentes y constituye uno de los principales espacios de intervenci\u00f3n estatal. Desde una perspectiva de derechos, debe funcionar como \u00e1mbito de cuidado, reconocimiento y construcci\u00f3n de ciudadan\u00eda, adem\u00e1s de cumplir un rol clave en la detecci\u00f3n temprana de vulneraciones y la articulaci\u00f3n con el sistema de protecci\u00f3n integral.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, en contextos de presi\u00f3n social y demanda de orden, las instituciones educativas pueden deslizarse hacia <strong>l\u00f3gicas punitivas<\/strong>: expulsiones, sanciones disciplinarias r\u00edgidas, judicializaci\u00f3n de conflictos y demanda de intervenci\u00f3n policial. Cuando estas pr\u00e1cticas se imponen, la escuela pierde su potencia pedag\u00f3gica y se convierte en un eslab\u00f3n m\u00e1s de la <strong>cadena de exclusi\u00f3n<\/strong>. He sostenido que las respuestas institucionales centradas en la sanci\u00f3n bloquean la posibilidad de di\u00e1logo intergeneracional, debilitan el v\u00ednculo educativo y profundizan trayectorias fragmentadas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>6. Enfoque de derechos y punitivismo: racionalidades en disputa<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El enfoque de derechos concibe la responsabilidad adolescente como un <strong>proceso pedag\u00f3gico y restaurativo<\/strong>, orientado a la comprensi\u00f3n del da\u00f1o, la reparaci\u00f3n y la recomposici\u00f3n del lazo social. El encierro y las medidas privativas de libertad deben ser excepcionales, de \u00faltimo recurso y por el menor tiempo posible.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El punitivismo, en cambio, reduce el conflicto a una falta individual y privilegia el castigo ejemplificador como respuesta inmediata. Al analizar los discursos contempor\u00e1neos sobre inseguridad y control social, he planteado que el miedo se ha convertido en un eje invisible que organiza percepciones y decisiones colectivas. Esta l\u00f3gica produce una mirada social que transforma al otro \u2014y particularmente al joven pobre\u2014 en amenaza, y al castigo en una respuesta aparentemente inevitable frente a conflictos complejos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>7. Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El modo en que una sociedad mira, nombra e interviene sobre sus adolescentes y j\u00f3venes no es neutro ni circunstancial: expresa, de manera condensada, su proyecto \u00e9tico, pol\u00edtico y democr\u00e1tico. Las respuestas que se construyen frente a los conflictos juveniles revelan no solo qu\u00e9 se espera de las nuevas generaciones, sino tambi\u00e9n qu\u00e9 tipo de lazo social se pretende sostener y qu\u00e9 lugar se asigna a la desigualdad, al conflicto y a la diferencia.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de este trabajo he sostenido que las derivas punitivas que reaparecen c\u00edclicamente en el debate p\u00fablico no constituyen respuestas eficaces frente a la conflictividad social, sino estrategias de simplificaci\u00f3n que desplazan la discusi\u00f3n sobre las condiciones estructurales que producen vulneraciones. El punitivismo no resuelve los conflictos: los <strong>administra<\/strong>, los <strong>ordena simb\u00f3licamente<\/strong> y, en ese movimiento, refuerza procesos de exclusi\u00f3n que impactan de manera selectiva sobre las juventudes populares. Bajo la promesa de seguridad, estas pol\u00edticas profundizan desigualdades, legitiman violencias institucionales y erosionan el principio de igualdad ante la ley.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El enfoque de derechos, en cambio, propone una racionalidad distinta. No niega el conflicto ni lo romantiza, pero se reh\u00fasa a reducirlo a una falta individual desvinculada de las trayectorias vitales y de los contextos sociales. Reconocer a adolescentes y j\u00f3venes como sujetos de derechos implica asumir que la responsabilidad se construye en procesos colectivos, pedag\u00f3gicos y restaurativos, y que el Estado tiene la obligaci\u00f3n indelegable de crear condiciones materiales, simb\u00f3licas e institucionales para el ejercicio efectivo de esos derechos. Esta perspectiva exige pol\u00edticas p\u00fablicas integrales, sostenidas en el tiempo, con fuerte anclaje territorial y con capacidad real de articular educaci\u00f3n, salud, protecci\u00f3n social y justicia.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La escuela, en este entramado, ocupa un lugar estrat\u00e9gico. Puede convertirse en un espacio de cuidado, reconocimiento y construcci\u00f3n de ciudadan\u00eda, o bien reproducir l\u00f3gicas de control que anticipan y legitiman trayectorias de exclusi\u00f3n. Del mismo modo, las intervenciones estatales pueden fortalecer la corresponsabilidad y el lazo social, o bien consolidar miradas que criminalizan la pobreza y naturalizan el castigo como \u00fanica respuesta posible. Estas no son decisiones t\u00e9cnicas: son <strong>decisiones pol\u00edticas<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Sostener el enfoque de derechos en contextos de crisis, miedo e incertidumbre no es un gesto ingenuo ni voluntarista. Es una apuesta profundamente pol\u00edtica, que implica disputar el sentido com\u00fan punitivo, resistir la tentaci\u00f3n de las soluciones r\u00e1pidas y asumir la complejidad del conflicto social. Implica, tambi\u00e9n, revisar pr\u00e1cticas institucionales, modos de intervenci\u00f3n y posiciones adultas que, aun con buenas intenciones, contin\u00faan reproduciendo l\u00f3gicas de control.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Concebir a las adolescencias como sujetos de derechos no es \u00fanicamente un mandato jur\u00eddico; es <strong>una elecci\u00f3n \u00e9tica sobre el tipo de sociedad que queremos construir<\/strong>. Una sociedad que invierte en acompa\u00f1ar, escuchar y crear oportunidades ampl\u00eda horizontes democr\u00e1ticos. Una sociedad que castiga, encierra y estigmatiza reduce su futuro. En esa tensi\u00f3n se juega, en buena medida, la calidad de nuestra democracia y la posibilidad de construir un lazo social m\u00e1s justo, inclusivo y solidario.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cierre para la reflexi\u00f3n y el trabajo institucional<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En el marco de las pol\u00edticas p\u00fablicas y de las pr\u00e1cticas cotidianas de intervenci\u00f3n, sostener el enfoque de derechos no se agota en la adhesi\u00f3n normativa ni en el discurso institucional. Implica revisar cr\u00edticamente las decisiones, los procedimientos y las respuestas que se construyen frente a los conflictos protagonizados por adolescentes y j\u00f3venes, especialmente en contextos de desigualdad y fragilidad social. En este sentido, el desaf\u00edo no es \u00fanicamente t\u00e9cnico, sino \u00e9tico y pol\u00edtico. Supone<strong> interrogar el lugar que ocupan las instituciones en la producci\u00f3n o reducci\u00f3n de vulneraciones, y asumir la responsabilidad que le cabe al Estado<\/strong> en la creaci\u00f3n de condiciones para el ejercicio efectivo de derechos. Desde esta perspectiva, el documento propone cerrar con las siguientes preguntas como disparadores de reflexi\u00f3n y formaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfEn qu\u00e9 medida nuestras pr\u00e1cticas institucionales cotidianas expresan una l\u00f3gica de garant\u00eda de derechos y en qu\u00e9 situaciones reproducen, aun de forma no intencional, respuestas centradas en el control y la sanci\u00f3n?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 transformaciones organizacionales, procedimentales y culturales son necesarias en nuestras instituciones para pasar del control a la corresponsabilidad en el abordaje de las adolescencias y juventudes?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Estas preguntas no buscan respuestas inmediatas ni un\u00edvocas, sino habilitar procesos de reflexi\u00f3n colectiva que permitan revisar pr\u00e1cticas, fortalecer el enfoque de derechos y construir intervenciones estatales m\u00e1s justas, integrales y democr\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>* La primera parte del art\u00edculo se public\u00f3 el s\u00e1bado 14 de febrero <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Segunda parte del an\u00e1lisis de Cristian Delpiani. 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