{"id":194918,"date":"2026-02-14T11:56:55","date_gmt":"2026-02-14T14:56:55","guid":{"rendered":"https:\/\/cdnoticias.com\/?p=194918"},"modified":"2026-02-14T16:26:18","modified_gmt":"2026-02-14T19:26:18","slug":"adolescencias-estado-y-politicas-publicas-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cdnoticias.com\/index.php\/2026\/02\/14\/adolescencias-estado-y-politicas-publicas-i\/","title":{"rendered":"Adolescencias, estado y pol\u00edticas p\u00fablicas &#8211; I"},"content":{"rendered":"\n<p>Primera parte del an\u00e1lisis de Cristian Delpiani. Un entre el enfoque de derechos y las derivas punitivas en Argentina y Sudam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><em>Por Cristian Delpiani<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>1. Introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Concibo la adolescencia, desde una perspectiva contempor\u00e1nea, como un <strong>proceso biopsicosocial, cultural e hist\u00f3rico<\/strong>, y no como una mera etapa biol\u00f3gica delimitada por la edad. Se trata de un momento vital atravesado por procesos de transici\u00f3n y consolidaci\u00f3n identitaria, por la adquisici\u00f3n progresiva de autonom\u00eda y por el desarrollo de capacidades cognitivas, socioafectivas y morales cada vez m\u00e1s complejas. Este proceso no ocurre en el vac\u00edo: est\u00e1 profundamente condicionado por las condiciones materiales, territoriales, institucionales y culturales en las que se desarrolla. Por ello, sostengo que no es posible hablar de una adolescencia homog\u00e9nea, sino de <strong>m\u00faltiples adolescencias<\/strong>, configuradas por trayectorias desiguales y contextos sociales diversos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Desde el enfoque de derechos, la adolescencia debe comprenderse a partir del <strong>principio de capacidad progresiva<\/strong>, consagrado en la Convenci\u00f3n sobre los Derechos del Ni\u00f1o. Este principio reconoce a adolescentes y j\u00f3venes como sujetos de derechos en desarrollo, con capacidad creciente para participar en las decisiones que afectan su vida, y exige acompa\u00f1amiento adulto sin tutela ni control excesivo. Tal como he desarrollado en trabajos previos, el pasaje del paradigma tutelar al paradigma de derechos no es solo una transformaci\u00f3n normativa, sino un cambio profundamente cultural. Supone revisar pr\u00e1cticas institucionales, lenguajes, formas de autoridad y dispositivos de intervenci\u00f3n que, aun hoy, contin\u00faan reproduciendo l\u00f3gicas de control bajo discursos formalmente alineados con el enfoque de derechos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En Argentina y Sudam\u00e9rica, el abordaje social, pol\u00edtico e institucional de las adolescencias se despliega en un campo de tensiones persistentes. Mientras los marcos normativos vigentes promueven la protecci\u00f3n integral, la participaci\u00f3n y la corresponsabilidad, emergen con fuerza discursos medi\u00e1ticos y propuestas pol\u00edticas que reinstalan <strong>l\u00f3gicas punitivas<\/strong> como respuesta privilegiada frente a los conflictos protagonizados por adolescentes y j\u00f3venes. En este documento me propongo analizar cr\u00edticamente estas tensiones, poniendo el foco en el rol del Estado, las pol\u00edticas educativas y la disputa entre el enfoque de derechos y el punitivismo como racionalidades en pugna.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>2. Juventud como categor\u00eda social: entre la promesa y la amenaza<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Parto de entender la juventud no como una categor\u00eda natural ni exclusivamente biol\u00f3gica, sino como una <strong>construcci\u00f3n social e hist\u00f3rica<\/strong>, definida por relaciones de poder, expectativas sociales y disputas simb\u00f3licas. Las formas de ser joven, las trayectorias posibles y las respuestas institucionales hacia esta etapa vital var\u00edan seg\u00fan el contexto hist\u00f3rico, pol\u00edtico y socioecon\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En Am\u00e9rica Latina, esta construcci\u00f3n se produce en escenarios atravesados por desigualdad estructural, precarizaci\u00f3n de las condiciones de vida, fragmentaci\u00f3n del tejido social y crisis recurrentes de las instituciones tradicionales. En este marco, la figura juvenil queda atrapada en una ambivalencia persistente. Por un lado, el mundo adulto proyecta sobre las juventudes expectativas de renovaci\u00f3n, creatividad, adaptaci\u00f3n e innovaci\u00f3n. Se les exige resiliencia y capacidad de proyecto incluso all\u00ed donde las condiciones materiales para construirlo se encuentran profundamente desigualadas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, en contextos de crisis econ\u00f3mica, inseguridad y desgaste institucional, esas mismas juventudes \u2014especialmente las provenientes de sectores populares\u2014 son resignificadas como problema social. El miedo se convierte en un organizador central del discurso p\u00fablico, desplazando an\u00e1lisis estructurales y habilitando miradas simplificadoras que sobrerrepresentan la conflictividad juvenil. He sostenido, al analizar pr\u00e1cticas juveniles contempor\u00e1neas, que los rituales juveniles condensan dimensiones simb\u00f3licas, pol\u00edticas y afectivas de enorme densidad. <strong>Estas pr\u00e1cticas no pueden reducirse a desbordes ni a expresiones de indisciplina<\/strong>: constituyen producciones culturales a trav\u00e9s de las cuales los j\u00f3venes elaboran pasajes vitales, construyen pertenencia y disputan sentidos en instituciones que muchas veces les ofrecen escasos espacios de reconocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando las respuestas institucionales se centran exclusivamente en el control, se invisibiliza esta potencia cultural y se refuerza una lectura que oscila entre la <strong>idealizaci\u00f3n del joven como promesa y la estigmatizaci\u00f3n del joven como amenaza<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>3. \u00bfQu\u00e9 espera la sociedad de los adolescentes y j\u00f3venes? Tensiones del adultocentrismo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Las expectativas sociales hacia adolescentes y j\u00f3venes se encuentran atravesadas por una fuerte <strong>matriz adultoc\u00e9ntrica<\/strong>, que define normas, valores y formas leg\u00edtimas de comportamiento desde una posici\u00f3n de superioridad generacional. Desde esta mirada, los adolescentes son concebidos como sujetos \u201cen falta\u201d: inmaduros, incompletos, incapaces de comprender plenamente las consecuencias de sus actos. Parad\u00f3jicamente, se les exige autocontrol, responsabilidad y adaptaci\u00f3n a instituciones que, en muchos casos, no est\u00e1n preparadas para alojar sus experiencias, sus lenguajes ni sus conflictos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Esta contradicci\u00f3n se expresa con especial crudeza en el tratamiento de las juventudes populares, donde la sospecha tiende a reemplazar al reconocimiento y la intervenci\u00f3n estatal se vuelve m\u00e1s punitiva que protectora. El conflicto juvenil aparece entonces como una escena privilegiada de proyecci\u00f3n del malestar social: frustraciones, miedos e incertidumbres del mundo adulto se depositan sobre cuerpos j\u00f3venes, habilitando respuestas centradas en la sanci\u00f3n y el disciplinamiento.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esta l\u00f3gica, propongo recuperar una <strong>pedagog\u00eda del acompa\u00f1amiento<\/strong> que redefine la intervenci\u00f3n adulta como una pr\u00e1ctica \u00e9tica y pol\u00edtica. Desde esta perspectiva, acompa\u00f1ar no es controlar ni dirigir, sino estar presentes, escuchar y co-construir acuerdos. Esta concepci\u00f3n desplaza la autoridad vertical y habilita formas de corresponsabilidad que reconocen a los adolescentes como interlocutores v\u00e1lidos y actores de la vida institucional.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>* <em>Este domingo 15 de febrero se publicar\u00e1 la segunda parte del art\u00edculo<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte del an\u00e1lisis de Cristian Delpiani. 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