Juan Solá en Chamula: llega con Invisible, una obra sobre las heridas que buscan palabras
El escritor presentará su unipersonal el viernes 16 de octubre, a las 21. “Muchas veces tenemos la voz, pero no tenemos las palabras”, reflexionó en diálogo con Central de Noticias sobre la salud mental, el arte y la imaginación como espacio de libertad.
Por Yesica Guevara de la redacción de Central de Noticias.
Invisible se construye sobre un territorio en el que los silencios se acumulan, así como las experiencias dolorosas y difíciles de nombrar. Juan Solá, llegará a Olavarría para presentarse el viernes 16 de octubre, a las 21, en el espacio Chamula, ubicado en Maipú 3756.
El escritor, poeta y cineasta llevará al escenario una adaptación teatral de su libro homónimo, publicado en 2025, en una propuesta que aborda los vínculos atravesados por la salud mental, las experiencias traumáticas y aquello que las personas callan para poder seguir adelante. Las entradas anticipadas se encuentran disponibles en Planeta Entrada y en la boletería de Chamula.
En diálogo con Central de Noticias, Solá habló sobre el desafío de trasladar una historia de la literatura al teatro, la capacidad de la palabra para dar visibilidad a lo que duele y la dimensión social y política del arte. También se detuvo en una idea que atraviesa su mirada sobre la escritura: la posibilidad de encontrar, a través de la poesía, las palabras que muchas veces faltan para contar la propia experiencia.
Del libro al escenario: aprender a contar desde otro lugar
Llevar Invisible al teatro implicó para Solá enfrentarse a un territorio desconocido. Su recorrido como autor estuvo vinculado principalmente con la literatura y la escritura de guiones para televisión y cine, pero no con la actuación. Por eso, durante un año trabajó junto a un docente de teatro para encontrar la manera de transformar la historia en una experiencia escénica.
“La verdad, el desafío principal es que yo no tengo formación actoral”, contó. La adaptación también le exigió tomar decisiones sobre el personaje desde el cual narrar la historia y sobre la forma de acercarla al público.
En el libro, la protagonista es una escritora que atraviesa una situación vinculada con la salud mental junto a su pareja. Para la versión teatral, Solá eligió encarnar a un personaje masculino sin nombre, que relata un vínculo atravesado por esa misma problemática y por aquello que no llega a decirse.
“Personas que, a partir del silencio, terminan construyendo una entidad ausente de sí mismos”, explicó al describir uno de los ejes de la obra.
El unipersonal dura 55 minutos y está destinado a mayores de 16 años, debido a sus contenidos. Durante ese tiempo, la historia pone en escena las consecuencias de callar, ocultar lo que hizo daño y encontrar en el silencio una forma de supervivencia.
“Es una obra con un mensaje firme en relación a qué sucede cuando la salud mental se ve atravesada por la necesidad de sobrevivir”, señaló el autor. En ese recorrido, lo invisible comienza a tomar forma ante el espectador y deja de ser únicamente aquello que permanece oculto dentro de los personajes.

Ponerle palabras a lo que no se ve
Para Solá, la posibilidad de nombrar una experiencia no es un detalle menor: es una forma de organizar el mundo y de hacer visible aquello que, de otro modo, puede quedar relegado al silencio.
“Yo creo que la palabra es la gran herramienta para poder estructurar el mundo en general. Lo que solemos decir: ‘lo que no se nombra no existe’”, expresó.
En Invisible, esa idea se desarrolla a partir de situaciones concretas, entre ellas el abuso de sustancias, el abuso en la infancia y los vínculos que se construyen alrededor de esas experiencias. La obra no busca ofrecer respuestas cerradas, sino abrir un espacio para que cada espectador encuentre sus propias preguntas y asociaciones.
El escritor reconoció que el relato puede resultar incómodo y que, en algunas funciones, recibe comentarios de personas que se van profundamente movilizadas por lo que acaban de ver. A veces, porque la historia conecta con experiencias personales; otras, porque interpela a quienes trabajan cotidianamente con situaciones vinculadas con la salud mental.
Mencionó especialmente a profesionales de la psicología y la psiquiatría, así como a docentes que conviven con historias personales difíciles y, al mismo tiempo, se encuentran con situaciones de violencia en el ámbito educativo.
Desde esa perspectiva, considera que el arte puede contribuir a iniciar conversaciones que suelen postergarse. No necesariamente a través de una explicación o una respuesta definitiva, sino mediante una historia capaz de poner en palabras aquello que cuesta abordar.
El arte como lente para mirar la realidad
La incomodidad que puede generar Invisible no responde, según Solá, a una intención de imponer una interpretación sobre el público. Para él, el arte tiene una función social que puede aparecer de manera natural cuando una obra pone en contacto a las personas con realidades que, de otro modo, permanecerían distantes.
“Creo que la función social del arte está vinculada a convertirse en un lente”, sostuvo. Y desarrolló esa imagen para explicar que una obra puede permitirles a quienes siempre estuvieron a salvo conocer la miseria y, a quienes la padecieron, acercarse a la posibilidad de la justicia.
La propuesta, en ese sentido, no consiste en decirle al espectador cómo debe pensar, sino en mostrar una experiencia y sus consecuencias. Una experiencia que podría pertenecerle a alguien cercano o incluso al propio espectador.
Solá también vinculó esa mirada con una responsabilidad de quienes desarrollan su trabajo en el campo artístico. Considera que la relación con el público implica una oportunidad, pero también un compromiso con la comunidad.
Sin embargo, esa concepción no significa que todas las obras deban transmitir una enseñanza. El escritor defendió también el valor de la lectura por placer y del ocio como espacio necesario en la vida cotidiana.
“Yo banco eso, banco el ocio porque soy obrero y el obrero tiene que defender también su espacio de recreación”, afirmó.
En el caso de Invisible, la búsqueda es otra: proponer una reflexión profunda sin establecer una única forma de interpretar lo que ocurre en escena.
La imaginación como espacio de libertad
Durante la entrevista, Solá también reflexionó sobre el lugar de la imaginación en el contexto político actual. Para él, la capacidad de imaginar constituye una forma de libertad que es necesario preservar.
“En los tiempos políticos que corren, justamente nuestra verdadera libertad, nuestra única libertad verdadera es la imaginación”, afirmó.
El autor considera que ese espacio íntimo permite construir relatos propios, procesar lo vivido y encontrar nuevas formas de relacionarse con los demás. En ese sentido, la literatura y la poesía pueden ofrecer recursos para quienes sienten que no encuentran la manera de expresar lo que les pasa.
“Muchas veces tenemos la voz, pero no tenemos las palabras”, resumió.
La frase sintetiza una de las búsquedas que atraviesan su escritura: ofrecer un lenguaje posible para experiencias que todavía no lograron ser contadas. No se trata solamente de hablar, sino de encontrar las palabras adecuadas para que una vivencia pueda ser reconocida y compartida.
Para Solá, además, toda expresión artística tiene una dimensión política, porque las experiencias individuales también están atravesadas por las condiciones sociales en las que se desarrollan. Desde esa perspectiva, el arte puede contribuir a pensar cómo se construyen los vínculos y qué formas de convivencia se quieren sostener.
“Me parece que todos tenemos una responsabilidad social, especialmente quienes tenemos una voz”, planteó.
Escribir también es observar
No todas las historias encuentran rápidamente su forma. Solá reconoció que todavía hay experiencias que le cuesta trasladar a la escritura, incluso cuando forman parte de su propio recorrido.
Entre ellas mencionó el terror, un género que le resulta especialmente difícil porque, según explicó, ha vivido rodeado de situaciones que considera más aterradoras que las que suele proponer la ficción.
Por eso, señaló su afinidad con las formas de construir el terror que desarrollan Mariana Enriquez y Samantha Schweblin, donde el malestar puede instalarse en situaciones cotidianas y reconocibles.
Encontrar la forma de contar esas experiencias sigue siendo un desafío personal y una invitación constante a leer y observar. Para Solá, el trabajo de un autor no se limita a la lectura: también requiere prestar atención a las vidas que lo rodean, a las historias que se parecen a la propia y a las distintas maneras en que las personas encuentran recursos para sobrevivir a situaciones difíciles.
Esa observación vuelve a conectar su mirada con Invisible, una obra que pone en primer plano aquello que muchas veces permanece oculto y que busca generar un encuentro entre la experiencia individual y la posibilidad de comprender a otros.
El viernes 16 de octubre, a las 21, el público de Olavarría podrá acercarse a esa propuesta en el Centro Cultural Chamula, Maipú 3756. Las entradas anticipadas se pueden adquirir a través de Planeta Entrada y en la boletería de la sala.

