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Advierten sobre el impacto del envejecimiento poblacional en el sistema previsional argentino

El antropólogo Marcelo Sarlingo vinculó la baja de la natalidad con las dificultades económicas, laborales y habitacionales que enfrentan las familias jóvenes para tener hijos.


El antropólogo Licenciado Marcelo Sarlingo analizó en Levantate, por Radio Sapiens, el proceso de envejecimiento de la población argentina y sus posibles consecuencias sobre el sistema previsional.

Durante la entrevista, explicó que los sistemas previsionales modernos comenzaron a desarrollarse junto con las primeras políticas demográficas de los Estados nacionales. Como ejemplo, mencionó el caso de Alemania, donde se establecieron cálculos sobre la edad de jubilación en un contexto de elevada mortalidad.

“En una primera instancia eran 65 años, y qué pasaba, nadie llegaba a los 65 porque la medicina no estaba muy desarrollada”, explicó Sarlingo. Según señaló, las epidemias, las enfermedades infecciosas, las dificultades para acceder a alimentos y la falta de sistemas de agua potable generaban una expectativa de vida considerablemente menor.

El antropólogo sostuvo que el desarrollo de la salud pública produjo una transformación profunda en la estructura de la población. “Cuando se organiza la etapa moderna y entonces se empiezan a controlar las enfermedades infecciosas, ahí la población da un salto”, afirmó.

En ese proceso, explicó, las principales causas de enfermedad comenzaron a modificarse. “La gente deja de morirse de enfermedades infecciosas y pasa a enfermarse de enfermedades crónicas, como por ejemplo diabetes o enfermedades cardíacas”, señaló.

Para Sarlingo, este cambio también modificó la duración de la vejez y generó nuevos desafíos para los sistemas previsionales. “Vos podés estar enfermo, podés envejecer, pero ese deterioro y ese envejecimiento capaz que te dura 15 o 20 años”, sostuvo.

El desafío para las jubilaciones

El entrevistado vinculó el envejecimiento de la población con la sustentabilidad futura del sistema previsional argentino. En particular, se refirió a la relación entre la cantidad de trabajadores activos y la cantidad de personas jubiladas.

“En Argentina es para sostener una jubilación digna, no la jubilación mínima que paga el Estado, que está en crisis por otra cosa”, planteó Sarlingo.

Según explicó, para garantizar una jubilación que permita cubrir las necesidades básicas de una persona mayor se requiere una determinada relación entre trabajadores y jubilados. “La relación es 4 a 1, es decir, vos necesitás 4 trabajadores activos para sostener un jubilado que tenga una jubilación digna”, afirmó.

Sarlingo explicó que esa proporción debería permitir cubrir no solamente el ingreso mensual, sino también otras necesidades. “Que coma todos los días, que pueda tener asistencia médica, que esté en buenas condiciones y que viva una cantidad de años razonable”, enumeró.

El problema, de acuerdo con su análisis, aparece cuando la población económicamente activa no alcanza para sostener a la población jubilada. “Hemos tenido un conjunto de políticas económicas que destruyen la industria y expulsan gente del mercado”, sostuvo.

En ese sentido, agregó: “La cantidad de población económicamente activa no te alcanza para sostener la masa de jubilados. Y no te alcanza para sostener las prestaciones que un jubilado necesita”.

Durante la entrevista también se mencionó que en 2024, por primera vez, en la provincia de Buenos Aires se registraron más defunciones que nacimientos: 151.690 muertes frente a 147.081 nacimientos.

La caída de los nacimientos

Consultado sobre la disminución de los nacimientos a nivel mundial y la posibilidad de que la tendencia continúe, Sarlingo sostuvo que algunos Estados comenzaron a desarrollar políticas para intervenir sobre el fenómeno.

“Empiezan con políticas demográficas. Porque esto tiene que ver directamente con lo que se llama la biopolítica, que son las maneras en que cada Estado administra a la población”, explicó.

Para el antropólogo, la cuestión no debería quedar exclusivamente en manos de las decisiones individuales. “Esto no puede ser dejado librado así al azar o a los particulares. Tiene que haber una política en la que el Estado estimule”, afirmó.

Sin embargo, consideró que la decisión de no tener hijos no debe ser analizada desde la culpabilización de las nuevas generaciones. “No se los puede culpabilizar porque no tengan hijos, porque un montón de cuestiones y de aspectos organizativos de la vida cotidiana están en contra de tener hijos”, sostuvo.

Entre esos factores ubicó en primer lugar las dificultades económicas. Sarlingo recordó que décadas atrás existían políticas públicas orientadas a acompañar a las familias durante el embarazo y la primera infancia.

“Hace 30 años, 30, 35 años, la provincia de Buenos Aires tenía un plan materno-infantil que si vos tenías un hijo, el Estado te cubría un montón de prestaciones y de beneficios”, señaló.

Según su análisis, parte de esas herramientas se fueron perdiendo y las familias jóvenes quedaron frente a mayores costos para afrontar un embarazo y la crianza. “Una persona joven, un matrimonio joven que decide ser padres, hay una cantidad de aspectos de controles médicos, alimenticios, cobertura de otras cosas básicas para sostener un embarazo, que no los tiene desde el punto de vista solidario”, afirmó.

Economía, vivienda y proyectos familiares

Sarlingo consideró que las condiciones económicas tienen un peso central en las decisiones reproductivas. “A veces nos damos cuenta que la economía desalienta tener hijos”, planteó.

En ese sentido, señaló que muchas personas evalúan el costo de la crianza antes de tomar la decisión de formar una familia. “Hay gente que dice, no, pero es carísimo y no las puedo mantener”, relató.

Para el antropólogo, además, existe una contradicción entre los deseos personales y las condiciones materiales. “La economía está mandando y que hay una serie de cosas del capitalismo que racionalmente te dicen, no, mirá, está todo organizado para que la persona se quede sola y no tenga hijos”, sostuvo.

También habló de los cambios culturales y familiares que modificaron las redes de cuidado. Según explicó, las abuelas ya no cumplen necesariamente el mismo rol que en generaciones anteriores.

“Ha desaparecido también el papel de las abuelas. Las abuelas antes cuidaban a los hijos. Hoy las abuelas son jóvenes y hacen otras actividades. Trabajan, viajan, tienen una vida moderna muy activa”, señaló.

A esto sumó los desplazamientos internos de la población en busca de oportunidades laborales. “Lo más probable es que no vivan en tu misma ciudad”, afirmó al referirse a los hijos jóvenes.

“Esto pasa en Estados Unidos, pero también empieza a pasar acá en Argentina. Es decir, la gente en busca de oportunidades laborales se mueve hacia las ciudades grandes”, agregó.

De acuerdo con Sarlingo, esa movilidad también afecta las redes familiares. “La parte de la familia que queda viviendo en ciudades medianas y en ciudades chicas está lejos de los nietos, está lejos de una vida familiar integrada como era antes”, sostuvo.

El problema habitacional

Otro de los factores señalados durante la entrevista fue el acceso a la vivienda. Sarlingo sostuvo que las dificultades para comprar o alquilar una vivienda constituyen otro obstáculo para las parejas jóvenes que quieren tener hijos.

“Tenés una persona de 25 años con un ingreso bajo, que está en la mejor edad por ahí para la reproducción y hoy en día es dificilísimo porque el ingreso no te da ni para el alquiler”, afirmó.

El antropólogo recordó que en otras etapas existieron políticas vinculadas con el acceso a terrenos y la construcción de barrios. “La cuestión habitacional de alguna u otra manera estaba más fluida”, señaló.

En contraste, sostuvo que actualmente acceder a una vivienda representa una dificultad para muchas familias jóvenes. “Hoy en día un matrimonio joven, conseguir una vivienda, poder llegar a pagar o a veces poder alquilar es imposible”, afirmó.

Para Sarlingo, la combinación de los factores económicos, laborales, habitacionales y familiares termina condicionando los proyectos de maternidad y paternidad.

“Por todos lados le ponen un conjunto de dificultades que conspira contra el hecho de que la gente se decida a tener hijos”, concluyó.