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La enfermera olavarriense que curó y cuidó a los Héroes de Malvinas 

“Pido nunca más una guerra, porque pierden todos” dice la olavarriense Graciela Trinchin, quien tuvo un rol clave en el medio de la Guerra de Malvinas. La otra parte de la historia que involucra a mujeres silenciadas y no reconocidas. 


Graciela Trinchín tenía 18 años y cursaba la carrera de enfermería naval en Puerto Belgrano cuando recibió a los primeros heridos de la Guerra de Malvinas. En aquel momento, su rol era el de estudiante, sin haberse recibido aún, mientras su hermano, José Trinchín, veterano de guerra, se encontraba embarcado. 

Trinchin dialogó con Central de Noticias y explicó que recibir a los primeros heridos provenientes de las islas, fue una situación “muy chocante”. Según su testimonio, la preparación académica contemplaba escenarios de guerra, incluso nuclear, pero nunca imaginaron enfrentarse a heridos reales. 

En este contexto, la información que manejaban era escasa y muchas veces provenía de radios ya que las autoridades solo indicaban que debían presentarse a cumplir funciones. Graciela fue destinada a una sala donde atendían casos de “pie de trinchera”, una afección provocada por la exposición prolongada al frío y la humedad. En ese sentido, describió que muchos soldados llegaban con sus extremidades gravemente dañadas, en algunos casos con necesidad de amputación.

“No teníamos tiempo de pensar, realmente que eran heridos de guerra. Es decir, venían y eran jóvenes, y había que atenderlos. La mayoría de los soldados pedían por su familia, cuándo iban a volver a ver a sus madres y cuándo iban a volver a su ciudad” detalló sobre la situación en el Hospital.

También recordó la llegada de sobrevivientes con quemaduras severas y remarcó que el impacto sensorial, especialmente el “olor a piel quemada” dejó una huella profunda que aún hoy le genera reacciones físicas y recuerdos vivos. 

“Hasta el año pasado no pude cerrar una parte porque recién el año pasado pude ver a un sobreviviente del Belgrano que era maquinista y que vino quemado en gran parte de su cuerpo. Lo pude ver recién en Necochea y pude ver las secuelas de aquellas quemaduras” contó. 

Asimismo, Trinchín reflexionó sobre la falta de reconocimiento oficial hacia quienes, como ella, cumplieron funciones en territorio continental. Explica que, a diferencia de otras mujeres y hombres que participaron en zonas del sur y fueron reconocidas en 2022, quienes estuvieron en Puerto Belgrano no son consideradas veteranas de guerra.

“Hoy nos visibilizan los medios como mujeres que estuvimos implicadas en el hecho pero lo que nosotros vivimos lo seguimos viviendo todos los días” sostuvo. 

En tanto, remarcó que ni los combatientes ni quienes asistieron a los heridos recibieron acompañamiento psicológico, pese a las consecuencias emocionales que arrastran hasta la actualidad: “Tanto ellos como nosotros nadie tuvo asistencia psicológica. Ni los que se enfrentaron con el enemigo ni nosotras que vimos toda la miseria humana de lo que queda de una guerra. Son cosas que van a permanecer siempre en nuestra cabeza” dijo Trinchín. 

Sobre su hermano, José Trinchín, Graciela sostuvo que “le costó un montón  continuar su vida. Después de renunciar a las Fuerzas Armadas hoy es una persona que trabaja en el Consejo Escolar y está estudiando y terminando su profesorado de historia, con más de 60 años. Sigue su vida, hizo su familia, tiene sus hijos, pero aún él vive las cosas como si hubieran pasado ayer”. 

En su presente, Graciela brinda charlas en escuelas donde transmite su experiencia y promueve una reflexión sobre la guerra. “A mi no me gusta la discusión, no me gusta el enfrentamiento. Creo que hace mucho mal para todas las partes. Nosotros le debemos a aquellos que dejaron su vida la reflexión de nunca más una guerra, porque pierden todos. Con las armas lo único que tenemos es destrucción” dice Trinchín. 

Y agrega: “Lamentablemente cuando vos destruís una vida, no destruís una, vos tenés que pensar que alrededor de esa vida que se termina, se destruye una familia. Hay una familia que pierde un padre, pierde un hijo, pierde un hermano, pierde un sobrino. Eso no se recupera nunca más. Lo único que te queda es tristeza. Me queda la reflexión de decir, todavía nos falta crecer. Nos falta crecer, en todos los sentidos”. 

“En las charlas que doy en escuelas digo que esta es una historia muy reciente que todavía tenemos héroes vivos. Les ofrezco que se remitan a ellos, que pregunten. Yo les puedo contar qué es lo que recibí en cuanto heridos. También les digo que la única manera para prepararse en la vida no es para la guerra, es para la vida. Que más allá de lo que estudien, el mejor título es ser buena persona. Las guerras se ganan de esa manera” reflexionó Trinchin. 

Finalmente, destacó que mantiene contacto con otras enfermeras con quienes trabajó durante el conflicto, en el marco de un proceso de visibilización y reclamo de reconocimiento que sostienen desde hace más de una década.