Crecimiento sin alivio: la economía avanza, pero los salarios retroceden
Según un informe de la gerencia de estudios económicos del Banco Provincia, la economía muestra señales de dinamismo, pero persisten desequilibrios que plantean desafíos para la política económica en los próximos meses.
Según un informe de la gerencia de estudios económicos del Banco Provincia, mientras la producción repunta de la mano del agro, la minería y la energía, el poder adquisitivo continúa deteriorándose y la demanda interna no logra recuperarse.
Asimismo, la economía muestra señales de dinamismo, pero persisten desequilibrios que plantean desafíos para la política económica en los próximos meses.
El EMAE creció 0,4% en enero de 2026 y acumula un avance de 3% desde junio de 2025, impulsado principalmente por el sector agropecuario (+10%) y minería y canteras (+7%). Las exportaciones explicaron casi la mitad del crecimiento del PBI en 2025 (1,7 p.p. de 4,4%).
Sin embargo, y en sentido contrario, los salarios privados registrados cayeron 0,4% en términos reales en el arranque de 2026, y arrastran una contracción de 2% desde junio de 2025. Se consolida así una dinámica inusual: crecimiento de la producción agregada en simultáneo con caída del poder adquisitivo.
En los últimos meses largos, el crecimiento viene tirado por el sector agropecuario, minero y petrolero. En contraste, la industria y la construcción se encuentran cerca de 10% por debajo de los niveles de 2023. Esta reconfiguración provoca que la demanda externa empiece a ser más relevante que la demanda interna para explicar el crecimiento económico.
Así, es posible que se consoliden dinámicas heterogéneas para la producción y la masa de ingresos en el mediano plazo: en tanto que la economía se recupera en términos agregados, alentada por desarrollos productivos (Vaca Muerta) y la normalización del agro pos sequía, el mercado interno profundiza su deterioro. A priori, esta compartimentación estanca puede durar, en tanto que la recuperación de los sectores destinados al mercado externo no viene moderando la caída de aquellos vinculados al mercado interno.
El poder adquisitivo cerró mal el año pasado, encadenando cuatro caídas al hilo, y el rojo se profundizó en enero. Para revertir esta dinámica, será necesario que las expectativas de inflación empiecen a acercarse (o incluso a ganarle) a la inflación realizada: es decir, que las subas de precios que sirven de base para las negociaciones salariales no queden por detrás de las efectivas.
En 77 de los 109 (70%) meses comprendidos entre enero de 2017 y enero de 2026, si la inflación quedó por encima de las expectativas el salario real cayó y si quedó por debajo el salario real creció. Si nos concentramos en los meses de deterioro, los números son todavía más concluyentes: de 62 meses de caída del salario real, en 48 (75%) la inflación fue mayor que la esperada y solo en 14 fue menor.
Por lo tanto, precisar las expectativas inflacionarias, algo que no sucedió en febrero (2,1% vs. 2,9%) ni estaría pasando en marzo, donde el REM tenía una mediana de 2,5% para la inflación del mes, será fundamental para esta variable.
El gobierno enfrenta un trilema: (1) incrementar la oferta de pesos y que eso relaje las tasas para reactivar el crédito y la demanda interna, corriendo riesgo de acelerar la demanda de dólares y la inflación; (2) reducir la compras de divisas del Banco Central, buscando así profundizar la apreciación cambiaria y desacelerar la inflación, pero corriendo el riesgo de no volver a los mercados en el mediano plazo ¿y pagar la deuda con reservas?; o (3) mantener el escenario actual, donde la inflación no logra consolidar su baja, los salarios y la demanda interna no se recuperan y la vuelta a los mercados sigue siendo un interrogante (riesgo país ~600 p.b.).

