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Del Zotto cumple 30 años con la escritura: el oficio y la persistencia de las ideas

El 15 de octubre el escritor volverá al Museo Dámaso Arce a presentar su último libro. El lugar, es el mismo donde décadas atrás presentó su primera obra. El recorrido de un actor fundamental de la cultura olavarriense.


Que 30 años no es nada… alguien podría evocar con la insolencia de la modificación en la letra del famoso tango. Pero esto no es una canción y 30 años es mucho.

 

El 15 de octubre a las 19:00 Guillermo Del Zotto celebrará 30 años del inicio de su viaje a la escritura. A la par, se cumplen 5 años de otra aventura: la publicación del primer libro de la editorial independiente Del Altillo, que no para de editar libros.

 

Su primera obra “Al costado de la noche” fue presentado en el marco de la Feria del Libro. Sí, hace 30 años había una feria con presentaciones en carpas y charlas en el Museo. Es allí, en el Museo Etnográfico (por ese entonces la sala se encontraba en el piso superior del Museo Dámaso Arce) donde los presentes lanzarán profecías. Algunas ya se cumplieron.

 

Este 15 de octubre Del Zotto pisará nuevamente ese lugar (que ya no está en una sala superior sino que forma parte de la muestra permanente del Dámaso Arce) y la presentación contará con la proyección de un video editado por Marcelo Góngora con fragmentos de aquella velada iniciática.

 

“En el video habla Horacio Aramburu quien fue la persona que me convocó y dice una frase que después se cumple. Además, vino mi maestro José Sbarra y Claudia Carrizo que fueron siempre compañeros, guías y maestros no solo en el arte de escribir sino de hacer talleres literarios”, describió Del Zotto y agregó “después yo me pongo a hablar de cómo editar libros, pero no quiero ‘spoilear’”.

 

Sbarra, los talleres y la edición de libros resultan palabras clave que componen el universo de este escritor que presentará en el marco de la celebración su último libro.

 

 

Por partida doble

 

La novela Puntualidad, ceremonia, traducción y el poemario Sombras tejiendo recuerdos. ¿Y qué? forman parte de una publicación de la colección Serendipia de la editorial Del Altillo.

 

El poemario está construido en base a los “descartes” de los 30 años. “Son los famosos papelitos que uno va guardando, poemas que no te cierran o cosas que te preguntás por qué escribí esto, a veces porque los desechas y a veces porque no los entendiste vos mismo”.

 

Estos papeles pasaron por un proceso de selección y edición. En tanto “el descarte verdadero se fue a la basura”, aseguró el escritor.

 

 

Al costado de la noche

 

“Fue un libro totalmente artesanal, independiente, bastante discreto pero que zafaba estéticamente”, recordó Del Zotto.

 

Su publicación fue un acto de rebeldía. Tras cuatro años de participación en el taller del escritor José Sbarra “nunca había recibido un halago de mis textos, al contrario, todo lo que hacía siempre estaba verde, le faltaba algo”.

 

En un momento, Del Zotto decidió publicar igual y “ahí se produce una cosa extraña y cambia la mirada del maestro. Me lo pide y le hace un prólogo totalmente exagerado y ponderando todas las cosas que nunca me había dicho que estaban bien. O sea, era una estrategia de enseñanza”.

 

Por qué publicó en ese momento no tiene demasiadas explicaciones. “Lo único que no se puede cambiar es que yo tenía 22 años, una edad en la que uno se define. Me queda que hice eso cuando tenía esa edad”, recordó y sintetizó: “el hecho de la publicación, supera el hecho de la escritura”.

 

La idea de la editorial

 

Con Ediciones independientes Del Altillo “hacemos un laburo de edición que además tiene el taller de tutoría. Uno se pone en la cabeza no solo un libro terminado sino también la idea que tiene alguien de escribir un libro”.

 

El gérmen de la editorial empezó a crecer cuando Del Zotto era profesor en la Escuela Municipal de Letras. “Ya habíamos hecho 5 antologías de los alumnos y se me ocurrió plantearle a una imprenta de acá la sociedad para ser editorial”.

 

“No tuve respuesta de esa imprenta y tampoco tuve continuidad en el taller municipal. La idea era publicar autores independientes no solamente alumnos o antologías. Era hacer concretamente una editorial municipal”, recordó.

 

Por suerte, el proyecto se sostuvo en el tiempo, sumó socios y se transformó en un proyecto independiente.

 

 

Otros mundos

 

Fabricio Lucio, amigo, escritor y socio de Del Zotto cuenta en el prólogo de su último libro que “Guillermo nació en 1968 y como escritor volvió a nacer hace treinta años. Una vez nació en Olavarría y la segunda nació en Buenos Aires, ese lugar que en muchas charlas que hemos tenido aún anhela”.

 

“Tuve unas escuelas primarias y secundarias que no tenían que ver con mi vocación” señaló y apuró el chiste: “soy tan antiguo que no fui ni al Jardín de Infantes ni tuve test vocacional. Hice todas cosas que no eran mi metier”.

 

Al momento de decidir sus estudios terciarios se impusieron por su brevedad dos carreras: periodismo o seguridad e higiene. “Me decidí por seguridad e higiene. Cuando vuelvo a vivir a Olavarría en lugar de trabajar en una fábrica, empecé a trabajar de periodista, o sea, de lo que no estudié”.

 

“En ese momento me decidí por el periodismo – no por una cuestión económica- sino porque creía que era lo más parecido a la literatura. Luego aparece la cuestión del periodismo cultural, se parecía a mi vocación”, recordó. Sin embargo, nunca se consideró un periodista “de raza” ya sea “por respeto a la profesión” o porque “una parte de la creatividad es fagocitada por el periodismo”.

 

Escribir como oficio. Costó llegar a esa definición en su vida. “Primero fui medio escritor para mí, me inventaba mundos paralelos porque evidentemente no me gustaban las proyecciones que hacía. En ese momento no encontraba un espejo, en el arte tampoco”.

 

“Después me di cuenta de que tenía una especie de proyección mental de hacer cuentos, hacer historias y ahí veo que ser escritor es una profesión”, señaló.

 

Por último, reiteró: “es un oficio. Yo doy clases, doy talleres, estoy con la editorial. Además, es un oficio que se hace con mucha gente, uno pensaba que los libros los paría como un bebé el escritor solo. Y no, es algo tremendamente participativo”.