Sin Respiro
Por Lucrecia Manso / @laranadespierta
Observo La Rana y parece que lo único que hace es respirar. De algún modo es así.
¿Que siento cuando digo que no tengo respiro? Ahogo. Cansancio. No poder pensar ni decidir. Miedo. No poder parar. No poder ver. Es una frase tan frecuente y cotidiana no tengo respiro, voy sin respiro.
La Rana me recordó hacer consciente mi respiración.
Inhalo y exhalo, largo, profundo y completo. Siento la calma que llega en cada ciclo. En mi cuerpo, en mi mente. Siento que soy yo. Y desde allí puedo ver.
¿Quien soy? Un ser que respira. Eso me revela simple e igual a cada ser que me rodea. No soy más ni menos. Soy.
El aire nuevo trae un cambio. Los problemas me muestran sus múltiples aristas y soluciones. No es magia. Puedo pensar amplio. Con perspectiva. Ver la escena completa. Alejarme. No soy protagonista de todas las tomas. Solo parte de algunas.
Cada respiración es una posibilidad. Otra oportunidad. Puedo actuar diferente a la última escena. Puedo decir otra cosa. O no decir nada. Hacer. Cambiar el escenario. Salir. Dar lugar.
Sin respiro no siento ni veo a nadie más. Voy tan de prisa y cansada. Cuando logro la pausa. Veo. Escucho. Siento. Hay otras personas como yo. Que respiran mi aire. Que respiran mi mundo. Me hablan. Gritan para ser oídas. Necesitan que pare un poco.
Andar sin respiro me cansa. Agota mi entorno. Me encierra y encierro.
Respirar largo y profundo. Conectar con la vida. Sin más. Comprender las necesidades de los demás. Los cambios los descubro en las pausas. Cómo saber hacia dónde voy sino sé dónde estoy.
Ir de prisa sin parar a veces justifica acciones que parecen al servicio del entorno. Un gesto, una mirada me recuerda. Respiras mi aire. Debo calmarme. Parar. Liberar tu espacio. Tu tiempo. Darte una respuesta. Preguntar. Ayudar.
En casa, en la calle, en el trabajo, donde sea que me encuentro.
Dar un respiro. Dejar respirar.
