Madame Bovary: censura, juicio y el rol del autor
Este martes en Central Radio hablamos de la censura de una de las obras más importantes de la literatura francesa. El juicio que debió afrontar su autor y la resolución de la causa.
Desde ¿Qué leíste hoy? y El Puente Librería les traemos la historia de censura que rodea a un clásico de la literatura del siglo XIX: Madame Bovary.
La novela de Gustave Flaubert fue publicada en primera instancia como folletín en la Revue de Paris en 1856. De inmediato, despertó todo tipo de reacciones y fue catalogada como “inmoral” al punto de terminar en un juicio.
El imprentero Auguste-Alexis Pillet, el director de la revista León-Laurent Pichat, y el “ofensor principal”, es decir el propio Flaubert fueron procesados en 1857 por “ultraje a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres”
Recordemos (de forma muy resumida) la trama principal de esta novela para entender esta situación. Charles Bovary es un médico viudo que se casa por segunda vez con Emma Bovary, quien aburrida de su matrimonio tendrá varios amantes y sumará decepciones hasta terminar su vida.
Pero más allá de lo que Emma hace y cómo lo hace, el gran problema con la novela parecía ser que no emitía un juicio claro. Desde el punto de vista de la censura del siglo XIX se requería que el autor tuviera un posicionamiento moral claro y definido.
En enero de 1857, el fiscal Ernest Pinard declaró: “El arte que no observa las reglas deja de ser arte; es como una mujer que se desnuda completamente. Imponer las reglas de decencia pública en el arte no es subyugarlo sino honrarlo”.
Pinard estaba empecinado en condenarlos. Señaló que nadie condenaba a Emma en el libro. Es más “es ella quien, ahogada en deudas y en penas de amor, decide terminar con su vida” y esto, según el fiscal no representaba el castigo que merecía: “ella murió cuando quiso y de la manera que quiso, no porque cometió adulterio sino porque así lo deseó”.
La defensa gracias a la cual se obtuvo la absolución de Flaubert hacía del autor un moralista excesivo, que condenaba a su protagonista “a una serie de tormentos, penas y remordimiento” hasta el final de su vida.
El abogado se centró en asegurar que el libro, al exponer en detalle las manifestaciones y formas de vida “licenciosas”, finalmente provocan “el rechazo al vicio”.
La sentencia dice: “Aunque la obra merece una severa reprensión, pues la misión de la literatura debe ser la de enriquecer y recrear el espíritu elevando la inteligencia y depurando las costumbres mucho más que la de inspirar horror al vicio presentando el cuadro de los extravíos que pueden existir en la sociedad”, se la absuelve porque “no está suficientemente probado que Laurent-Pichat (el editor), Gustave Flaubert (el autor) y Pillet (el impresor) se hayan hecho culpables de los delitos que se les imputan”.
Para cuando Madame Bovary se publicó finalmente en formato de libro, el 12 de abril de 1857, la novela ya era célebre, y se convirtió en un lógico suceso de ventas. La novela se convirtió en un hito de la literatura realista. Ha sido traducida varias veces en diferentes lenguajes e interpretada desde distintos puntos de vista una y otra vez.
Una curiosidad sobre toda esta historia es que Ernest Pinard llevó al banquillo ese mismo año a Charles Baudelaire por su colección de poemas “Las flores del mal”. Seis de ellos fueron prohibidos. Tras ocupar varios cargos cada vez más altos, en 1866 fue nombrado ministro de Interior de Napoleón III.
Si les interesó esta historia pueden encontrar más detalles en “El origen del narrador. Actas completas de los juicios a Flaubert y Baudelaire”, publicado por MarDulce, publicación que pueden encontrar en El Puente Librería (Independencia 2843).

