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Día del Psicólogo: “Me parece que el desafío es ser más humano”

Mariela Ikasovic analizó los prejuicios que persisten sobre la terapia, el impacto de la crisis económica en el acceso a la salud mental y los desafíos que enfrentan los jóvenes. También reflexionó sobre el uso de ChatGPT como fuente de consulta y la importancia del vínculo con el profesional.


En el marco del Día del Psicólogo que se celebra cada 13 de octubre en Argentina, Mariela Ikasovic dialogó con Central de Noticias sobre su experiencia profesional, la importancia de acudir a un especialista en salud mental y los cambios que observa en la sociedad. 

Con casi 20 años de trayectoria, la psicóloga puso el foco en la necesidad de derribar prejuicios, acompañar los procesos individuales y reconocer el valor de la atención profesional.

Ikasovic estudió en San Luis y se recibió en 2007. Su trabajo se orienta a las terapias cognitivo-conductuales y, durante los últimos años, comenzó a especializarse en ART, una modalidad que describió como una nueva corriente dentro de ese enfoque terapéutico.

“En general son terapias breves, dirigidas al presente, en las cuales el paciente clásico pasa a ser consultante, porque tiene un rol más activo”, explicó.  Según detalló, estas herramientas se utilizan especialmente en el abordaje de la ansiedad, las fobias y los miedos. 

Ikasovic atiende a personas desde los 16 años y a adultos, y en el último tiempo amplió su trabajo vinculado con los diagnósticos médicos y las enfermedades crónicas.

La psicóloga señaló que recibir un diagnóstico médico puede generar incertidumbre, enojo y dificultades para aceptar una nueva realidad. En ese contexto, destacó la importancia de contar con acompañamiento para procesar la información, conocer las alternativas disponibles y reconocer los propios derechos como pacientes: “Recibimos un diagnóstico y como que el mundo se viene abajo, como que no sabemos para dónde correr. Hay mucho enojo, hay un proceso de trabajar en el tema de la aceptación de la situación, de averiguar, de no quedarnos con la primera impresión, de nuestros derechos como pacientes”, sostuvo.

Al referirse a los aspectos más gratificantes de su profesión, destacó la posibilidad de acompañar a las personas en la búsqueda de objetivos y en la construcción de herramientas para afrontar sus dificultades.

“Lo que más me gusta de mi profesión es esta idea de animar a personas que vienen con ganas de hacer cosas o con dificultades. Por eso lo cognitivo-conductual, esto de pensar y accionar, pensar juntos y armar planes de acción. Me parece súper gratificante esos logros”, subrayó.

Los prejuicios y el proceso terapéutico

Ikasovic consideró que todavía persisten prejuicios en torno a la atención psicológica, aunque observó una disminución después de la pandemia. Entre los temores más frecuentes, mencionó la idea de que acudir a terapia implica cambiar obligatoriamente o quedar bajo la influencia del profesional.

“Yo creo que el miedo es que si voy a un psicólogo voy a tener que cambiar. Como que el psicólogo me va a obligar o me va a llenar la cabeza” explicó. Frente a esa percepción, remarcó que el rol del psicólogo no consiste en indicar cómo debe vivir otra persona ni en imponer decisiones. Por el contrario, sostuvo que el proceso debe construirse a partir de las necesidades y los valores de cada consultante.

“El psicólogo que te dice lo que tenés que hacer no es un buen psicólogo porque, si no, tendríamos el poder sobre la vida de los demás. Me parece que ir al psicólogo tiene que ver con bajar un poco también las expectativas, darle tiempo al proceso”, indicó.

En esa línea, agregó: “Nosotros trabajamos con lo que es valioso para el consultante. Lo que yo crea o no de las decisiones no tendría que ser el tema. Tendría que ser lo mejor para esa persona”. La profesional explicó que la terapia también puede ayudar a ordenar ideas, evaluar alternativas y aceptar determinadas circunstancias sin que eso implique necesariamente realizar un cambio inmediato.

Asimismo, destacó que la decisión de comenzar un tratamiento debe partir de la propia persona. Si bien reconoció que las recomendaciones médicas pueden facilitar el acercamiento inicial, advirtió que los ultimátums o las imposiciones suelen ser contraproducentes.

“Es importante que la decisión de ir a terapia la tome uno mismo. Cuando se viene obligado, es imposible. A veces los médicos sugieren y en el camino la persona al principio viene medio reticente y después entiende que está bueno. Cuando hay ultimátum, por ejemplo, ‘hacemos terapia o nos separamos’ o ‘vas a terapia o tal cosa’, eso no funciona”, remarcó.

Y subrayó: “El que tiene que venir a la terapia es el que está incómodo con cómo está, con cómo es, con cómo está reaccionando él mismo”.

La salud mental en tiempos de inteligencia artificial

En un contexto en el que cada vez más personas recurren a contenidos disponibles en internet y a herramientas de inteligencia artificial para buscar respuestas, Ikasovic subrayó la importancia de reconocer la formación y la experiencia de los profesionales de la psicología.

“La importancia de ir al psicólogo con un profesional en este contexto donde muchas personas hablan de psicología en los medios, con Chat GPT y un montón de cosas, estamos los que estudiamos para esto y tenemos un conocimiento. Me parece que tiene que haber algo del reconocimiento de lo profesional”, explicó.

Sin embargo, frente al uso de Chat GPT como fuente de consulta propuso escuchar qué encontró la persona y trabajar sobre esas inquietudes: “Si cerramos la puerta, la persona se va con su teléfono y no vuelve. Consulto que leyó, que le dijo el chat, lo charlamos y lo integramos. En general la persona que consulta a la inteligencia artificial lo hace porque tiene mucha ansiedad, porque no se siente bien, porque necesita una respuesta” señaló.

En ese sentido, sostuvo que el intercambio permite orientar las consultas hacia fuentes confiables y ampliar la información disponible. “Lo charlamos, le puedo dar autores y sitios serios”, agregó.

Los jóvenes, el futuro incierto y la tasa de suicidio en la actualidad

Al referirse a la salud mental de los jóvenes y al suicidio, Ikasovic señaló que se trata de una problemática presente en la sociedad y consideró que también existe una mayor disposición a hablar sobre estos temas.

“Es algo que está pasando, pero me parece que también estamos hablando más de ese tema. Se le está poniendo más la mirada o nos estamos permitiendo como sociedad ver estas cosas”, opinó.

Sobre las dificultades que observa entre las nuevas generaciones, expresó su preocupación por la falta de claridad respecto del futuro y por las limitaciones que enfrentan para proyectar sus vidas.

“Yo a los jóvenes los veo medio perdidos. Les cuesta mucho esto de saber qué quieren. La idea de otras generaciones es que, en teoría, vos terminabas el secundario, estudiabas algo e ibas a ser alguien, como decían las mamás. Ahora es como que eso está un poco perdido, entonces hay muy poca motivación también. Todo eso hace que no esté claro el futuro, además de la falta de posibilidades”, reflexionó.

La psicóloga también relacionó el mayor acercamiento a la terapia después de la pandemia con una mayor conciencia social sobre la necesidad de atender la salud mental. A su entender, ese proceso contribuyó a que más personas reconocieran la importancia de buscar acompañamiento profesional.

La crisis económica y el acceso a la terapia

Ikasovic advirtió que la crisis de salud mental es profunda y señaló que las dificultades económicas afectan la continuidad de los tratamientos. Según explicó, algunas personas deben interrumpir las consultas porque no pueden afrontar su costo.

“La crisis en salud mental es muy grande. La crisis económica tiene que ver con la accesibilidad al sistema de salud y conocer cuáles son las opciones. Algunas personas te dicen: ‘No puedo venir más porque no puedo pagar’”, contó.

Frente a esas situaciones, destacó la importancia de sostener una actitud de acompañamiento y de contemplar las necesidades de quienes atraviesan momentos difíciles: “Lo acepto, pero las puertas están abiertas. Si necesitás algo, si estás en una situación de urgencia, me escribís, lo charlamos. También hay una cuestión ética; si la persona no puede pagar no es que la dejo de tratar y listo”, afirmó.

Por último, la psicóloga volvió sobre uno de los aspectos que considera centrales en el ejercicio de su profesión: la posibilidad de construir un vínculo humano con las personas que buscan ayuda.

“Me parece que el desafío es ser más humano. Mi idea es trabajar cada vez más virtual y cuesta un montón porque la gente quiere presencia, quiere humanidad. La gente todavía, por suerte, quiere eso”, concluyó.