Etiquetado frontal: investigador de la FIO propone optimizar la Ley sin avanzar en su desregulación
Guillermo Manrique destacó la evidencia científica que respalda los octógonos negros. También planteó modificaciones técnicas para preservar los objetivos de salud pública.
En el marco del debate sobre la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, el doctor en Ciencias de los Alimentos Guillermo Manrique analizó la efectividad del etiquetado frontal de advertencia y propuso alternativas para optimizar la normativa sin avanzar hacia una desregulación total.
El docente de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) sostuvo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) consideran al etiquetado frontal de advertencia una herramienta eficaz para enfrentar las enfermedades no transmisibles, entre ellas las afecciones cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la hipertensión, algunos tipos de cáncer y la obesidad.
Según el análisis, estas enfermedades representan el 72% de las muertes anuales en Argentina. En este contexto, Manrique señaló que los sellos de advertencia permiten identificar de manera rápida los productos que presentan excesos de nutrientes críticos, como azúcares libres, grasas saturadas, grasas totales, grasas trans y sodio.
El investigador destacó que los octógonos negros requieren un menor esfuerzo cognitivo que otros sistemas de información nutricional y que la evidencia comparativa los ubica como una herramienta eficaz para captar la atención, reconocer productos con excesos y modificar decisiones de compra.

Entre los modelos implementados en distintos países, mencionó los sistemas no interpretativos utilizados en Estados Unidos, el Semáforo Nutricional del Reino Unido, el Nutri-Score empleado en Francia y otros países europeos, y el logo voluntario Keyhole de los países nórdicos. Según planteó, estos esquemas presentan diferentes limitaciones frente al sistema de advertencias.
En América Latina, el modelo de octógonos se extendió luego de su implementación en Chile en 2012 y fue adoptado, con distintas características, por Argentina, México, Perú y Uruguay. Venezuela incorporó advertencias para sodio, mientras que Bolivia, Colombia y Canadá avanzan en procesos legislativos similares y Brasil implementó un diseño rectangular.
Manrique señaló que los estudios disponibles muestran resultados especialmente en el corto plazo, vinculados con cambios en los hábitos de compra y la reformulación de productos. En Chile, por ejemplo, se registró una reducción de las ventas de productos con altos niveles de calorías, azúcares, sodio y grasas saturadas. En México, modelos predictivos estimaron una reducción cercana al 15% en la obesidad después de seis años de vigencia, aunque la medición directa del impacto sobre las enfermedades no transmisibles requiere estudios de seguimiento a largo plazo.
En Argentina, la Ley 27.642 y el Decreto Reglamentario 151/2022 establecen el marco del Rotulado Nutricional Frontal para alimentos envasados y bebidas analcohólicas. La normativa contempla sellos de advertencia por exceso de azúcares añadidos, sodio, grasas totales y grasas saturadas, además de un sello de “EXCESO EN CALORÍAS” cuando corresponde.
El régimen también establece leyendas precautorias para productos con edulcorantes y cafeína, determina características específicas para los octógonos y establece restricciones para la comunicación comercial de productos que llevan sellos. Asimismo, incluye disposiciones vinculadas con la publicidad dirigida a niños y adolescentes.
De acuerdo con Manrique, el fundamento epidemiológico de la regulación se vincula con los cambios en los patrones de consumo de la población argentina. La Encuesta Nacional de Nutrición y Salud 2019 registró consumos elevados de sodio, azúcares y grasas, junto con una ingesta de frutas y verduras inferior a las recomendaciones.
Frente a las dificultades operativas y a los cuestionamientos de sectores productivos, especialmente de pymes e importadores, el investigador planteó que existen alternativas para revisar la normativa sin eliminar sus objetivos sanitarios.
Entre las propuestas mencionó la recalibración del Sistema de Perfil de Nutrientes mediante la incorporación de límites por gramaje además del aporte energético; una armonización gradual con estándares del Mercosur; y la creación de comisiones auditoras con especialistas en nutrición, bromatología, epidemiología, ciencia y tecnología de los alimentos y representantes del sector productivo.
También propuso preservar las disposiciones relacionadas con la oferta alimentaria en establecimientos educativos y separar ese aspecto del debate comercial. A su vez, planteó desacoplar la tabla nutricional del rotulado frontal y mantener el desglose de azúcares añadidos independientemente de eventuales modificaciones en los octógonos.
Desde esta perspectiva, Manrique consideró que el debate sobre el etiquetado frontal puede constituir una oportunidad para revisar y optimizar aspectos técnicos de la Ley 27.642, manteniendo como eje la protección de la salud pública y el derecho de la población a acceder a información alimentaria clara y respaldada por evidencia científica.
(*) Guillermo Manrique es doctor en Ciencia de los Alimentos y profesor asociado de la UNICEN en las facultades de Ingeniería de Olavarría y de Ciencias Veterinarias de Tandil.

