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El fiestón de Los Sikuris, el Carnaval Abajeño 

Contagiosos ritmos de celebración, de resistencia, de hermandad, de respeto, los ritmos de la Puna con sus quenas y coplas, todos fueron vivados por el heterogéneo público frente al escenario.


Por: Romina Reser 

Harina hasta en las orejas, y una sonrisa de lado a lado. Desde hace muchos años, en el corazón del barrio Villa Mailín, se celebra el Carnaval Abajeño impulsado desde la Asociación Mutual de Arte Popular Los Sikuris. 

Alba y Uyi, construyeron con constancia un carnaval comunitario que nos iguala, y nos invita a desenterrar el diablo. La leyenda cuenta que los mineros en las minas de Potosí, Bolivia eran obligados a trabajar en condiciones extremas, y sólo se les permitía salir en tiempos de carnaval. Desde allá es que se llama “diablada”, dejar salir a los diablos. 

Este viernes, una buena cantidad de personas se hicieron presentes. Desde niños a personas mayores en sus reposeras, todos con un único deseo: Feliz Carnaval. Desde un escenario muy bien montado, al lado de la sede de la mutual en Mendoza al 1900, “Herederos” abrió la noche y empezaron a agitarse los pañuelos. Pasaron varios grupos folclóricos.

Enseguida se armaron las rondas, y empezó el baile al ritmo de las zambas y chacareras. Más tarde fue el turno de los dueños de casa, y la fiesta sólo crecía. Para ese momento, casi nadie quedaba sin estar blanco por la harina.

Harina, alegría, fiesta, e igualdad para la vida. Quiero destacar el servicio de cantina. Además de rico (más vale que me comí un choripan), múy ágil y bien organizado. 

La cita empezó alrededor de las 21, y para medianoche la cosa se iba cerrando. Sin embargo, “el diablo” y la alegría ya habían copado los espíritus. Contagiosos ritmos de celebración, de resistencia, de hermandad, de respeto, los ritmos de la Puna con sus quenas y coplas, todos fueron vivados por el heterogéneo público frente al escenario.

Fue un nochón, y hasta el clima acompañó. Casi no había viento, y estaba cálido. En todos los sentidos. Mirarnos a los ojos, entre la harina y los gorros, reconocernos y abrazarnos sonrientes. ¡Gracias Abajeños! Hasta el próximo Carnaval.